Patricio Villablanca
ARPPA
(Este artículo está publicado en la edición 2 de la revista El Chem, la puedes descargar desde la columna derecha de este blog)
En lo que respecta a la Araucanía, cuando las estadísticas hablaban que en el 2013 se habían erradicado los campamentos, hoy en el 2021 se nos presenta una arremetida y aparece esta nueva realidad de familias tomando la opción de vivir en campamentos. Esta decisión que han tomado miles de personas al parecer llegó para quedarse. El acceso a la vivienda es un problema para toda aquellas familias que ven cómo cada vez es más difícil obtener la casa propia. Listas interminables, requisitos y burocracia tienen frustradas a las familias chilenas. Hasta 12 o más años hay que esperar en Chile para tener una casa. En ese proceso las familias viven hacinadas en hogares de parientes o se ven obligadas a pagar eternos arriendos que cada vez son más caros. Llegando incluso a igualarse al salario mínimo. Es un círculo vicioso de precariedad donde se tiene que elegir entre pagar el arriendo o vestirse, comer, pagar estudios, medicina, etc.
Es inconcebible esta tortura. Es un ataque institucional en contra de las familias. Se juega con sus aspiraciones y se corrompe su espíritu. Se pisotea su dignidad y con ello se fractura su salud mental. Inclusive hay personas que fallecen en el transcurso del sueño de la casa propia.
Se extrañan las políticas de bienestar social, se especula y se trata la vivienda como un bien de consumo. Donde sólo accede el que puede pagar o quien transa su fuerza laboral, su vida familiar y tiempo de ocio, y así poder reunir el dinero necesario para postular a una vivienda social. Vivienda que no tiene estándares aceptables para considerarla una vivienda digna. Menos de 56 metros cuadrados. ¿Esos son estándares para ofrecer como solución al gran déficit de viviendas? Según Techo para Chile, existe desde el 2019 un déficit habitacional a nivel nacional que afecta alrededor de 500.000 familias. Según la encuesta casen del 2017, la región de La Araucanía es una de las que presenta mayor déficit con un total de 61.021 viviendas.
Los dirigentes siempre han afirmado que los campamentos nunca se fueron. Estaban ocultos en las casas de los parientes, viviendo como allegados y hacinados en casas donde habiatan hasta 2 o más familias. Porque la situación económica, la inestabilidad laboral les impide pagar un arriendo. Por eso terminan engrosando las listas de los sin casa.
Los chilenos que luchan día a día para tener una mejor calidad de vida, más digna y finalmente más feliz, vienen arrastrando años tras años un sentimiento de insatisfacción sobre las políticas públicas de vivienda. Es el caso de la Araucanía, una de las regiones mas pobres, con altos índices de cesantía, convirtiéndose en la quinta región con mayor déficit de viviendas.
Esta demanda social sentida resonó con mas fuerza con el estallido social y posterior pandemia del Covid 19. Ocurrió entonces que las familias decidieron buscar por si mismos una solución a su demanda y de forma impensada se juntaron los primeros vecinos para levantar sus carpas en sitios eriazos, que habían sido dejado de lado, abandonados y que con el tiempo se transformaron en lugares de drogadicción, delincuencia o microbasurales. Espacios donde ningún servicio público se hizo responsable por mucho tiempo.
Ahora en el año 2020, con estos nuevos acontecimientos que trastocaron el país nos encontramos con un nuevo escenario donde proliferaron nuevamente los campamentos concentrándose principalmente en Temuco. Llegando a contabilizar 48. Por lo que el aumento de campamentos desde el año 2019 a la fecha corresponde a un 128,6%- Un aumento significativo. Según información recopilada por Techo para Chile. En su página https://www.techo.org/chile/.
En Temuco el Campamento Los Pinos es uno de ellos. Ubicado en el Macro Sector Santa Rosa de Temuco, detrás del balneario Los Pinos, ocupando terrenos fiscales. Lugar que estuvo abandonado por cerca de 20 años y que ahora tiene un uso para autoconstrucción de viviendas sociales. El Campamento Los Pinos está situado entre la calle Avenida costanera y Calle Río Amazonas. Nace al igual que los demás campamentos. Producto del estallido social que saco a la luz una serie de problemas, demandas y desigualdades sociales.
La mayoría de las familias son del macro sector, nacidos y criados en Santa Rosa, comparten historia, pertenecía e identidad con el territorio. Las razones porque llegaron son variadas. Algunos perdieron fuentes de trabajo, otros estaban arrendando y vieron que ya era imposible seguir pagando. Sumado al hacinamiento por vivir de allegados y otros decepcionados de postular y nunca obtener la casa, es que fueron llegando las familias, y hoy son 110 familias, grupos entre 2 y 5 niños, madres solteras, adultos mayores, adultos solteros, inmigrantes haitianos, ecuatorianos, colombianos y venezolanos. Aun con todas las dificultades que ello significa, el campamento sigue mejorando las condiciones de habitabilidad, resolviendo acceso a luz eléctrica y agua. Se trabaja en mejorar las casas y los caminos de acceso. Todo para dignificar la permanencia en los campamentos y esperando una respuesta de las autoridades respècto de estos terrenos y poder participar legalmente en proyectos de urbanización y finalmente sentirse seguros de que no serán desalojados. En la precariedad que se encuentran han puesto todo su corazón y esfuerzo por levantar sus casas y sería un duro golpe ver truncado sus anhelos de la vivienda propia.
Como dicen los vecinos… ¡La vivienda es un Derecho y no un Privilegio!.





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