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Comenzamos el año 2021 con la tarea de posicionar el trabajo, la historia y el compromiso de las organizaciones culturales comunitarias de La Araucanía, como parte del reconocimiento que se precisa al aporte que han venido haciendo, tanto en la defensa de los derechos culturales y ciudadanos, como en la defensa del bienestar y la preservación de nuestros territorios humanos y geográficos. Con el importante apoyo económico y profesional de la Seremi de las Culturas las Artes y el Patrimonio de La Araucanía hemos desarrollado un plan de difusión que comprende el diseño y puesta en marcha de diversos medios, y es este blog un primer avance para construir un espacio virtual donde proyectar a todas y cada una de las organizaciones que forman parte de la red ROCCO Araucanía.

jueves, 2 de septiembre de 2021

RECICLAJE DE PLÁSTICO: ¿EL REMEDIO PEOR QUE LA ENFERMEDAD?

Alejandra Parra Muñoz
Master en Planificación (University of Otago, Nueva Zelanda),
Bióloga en Gestión de Recursos Naturales
Red de Acción por los Derechos Ambientales RADA.


Mucho se promueve el reciclaje, como si fuera una solución al problema de la basura. Lamentablemente, está lejos de serlo, al menos cuando se piensa en él como una solución única, y sobre todo cuando se trata de reciclaje de plástico. ¿Pero qué es el reciclaje? Partamos por eso.

El reciclaje es el procesamiento de materiales usados para transformarlos en materia prima para la fabricación de nuevos bienes. Este procesamiento es por lo general a nivel industrial aunque también se realiza a escala artesanal en contadas ocasiones. Para que un material sea efectivamente reciclado, se requiere un sistema que lo recolecte por separado, que luego transporte, almacene, acondicione y finalmente procese. Este sistema requiere usar energía tanto para el transporte como para el acondicionamiento y procesamiento. El procesamiento, como todo proceso industrial, genera residuos de tres tipos: residuos líquidos, residuos sólidos y residuos gaseosos que incluyen gases de efecto invernadero que aportan al calentamiento global.

Como verán el reciclaje no es inocuo para el medio ambiente y por tanto debe considerarse con cuidado y pensamiento crítico. Sin embargo, el reciclaje es mejor que la fabricación de bienes a partir de materia prima virgen, que genera más residuos sólidos líquidos y gaseosos, y que extrae nuestros bienes naturales comunes para transformarlos en bienes de consumo masivo que terminan en la basura. Por ejemplo, para obtener 1 tonelada de cobre, se debe extraer 500 toneladas de subsuelo, esas 500 toneladas se refinan con venenos como el cianuro, quedando 499 toneladas de residuos industriales almacenados en formas de relave. 



Obviamente que el reciclaje de cobre es mejor para el ambiente que la fabricación de cobre a partir de la minería, sobre todo si consideramos que el cobre como todo mineral se agota cada día más con la extracción, y que este mineral es necesario para la fabricación de cuestiones esenciales para la vida de hoy en día. ¿Pero qué pasa con el reciclaje del plástico? El plástico es un material fabricado a partir de los hidrocarburos. Como toda actividad extractiva, la extracción de hidrocarburos genera daños a la naturaleza, pero peor aún, el uso del petróleo es uno de los principales causantes del calentamiento global. 

Tanto la extracción como el refinamiento y procesamiento de los hidrocarburos para la fabricación del plástico, liberan contaminantes a la atmósfera, agua y suelo, siendo las y los trabajadores quienes más se exponen a ellos en su ambiente laboral. Sustancias cancerígenas como el benceno, compuestos orgánicos volátiles, y más de cien químicos que se usan para el fraking o fractura hidráulica del suelo, son algunas de las sustancias que se liberan al ambiente en la extracción de hidrocarburos y su procesamiento para la manufactura del plástico. 

Cuando usamos productos plásticos, incorporamos sustancias tóxicas a nuestro cuerpo que ingerimos, inhalamos y absorbemos a través de la piel. Estas sustancias tóxicas generan problemas a la salud incluyendo a los sistemas renal, cardiovascular, gastrointestinal, neurológico, reproductivo y respiratorio. Los impactos incluyen cáncer, diabetes y trastornos del desarrollo. Y una vez que se transforman en basura o residuos, los plásticos liberan permanentemente sustancias tóxicas al suelo, aire y agua. Estas sustancias son propias del plástico pero también aditivos que se usan como colorantes, retardantes del fuego, plastificantes, etc. allí encontramos plomo y otros metales pesados, dioxinas y furanos, que provocan las mismas enfermedades mencionadas anteriormente. 

Al reciclar el plástico ¿qué sucede con los aditivos tóxicos que contiene? Pues se concentran en el plástico fabricado a partir de plástico usado, o se liberan al ambiente en el proceso de reciclaje. Los plásticos contienen muchas sustancias químicas que pueden tener profundos y dañinos efectos sobre la salud de las personas. Estas sustancias se adicionan al plástico en colorantes, retardantes del fuego, plastificadores, etc. incluso pequeñas cantidades de estos aditivos pueden resultar dañinos para los sistemas inmunológico y reproductivo, y provocar distintos tipos de cáncer, afectar funciones intelectuales y generar problemas de desarrollo. 

Algunas de estas sustancias han sido prohibidas en algunos países, pero debido a lagunas legales y las diferencias en estándares ambientales y toxicológicos entre los países, más el intenso lobby de la industria petroquímica permiten que en la práctica se sigan usando.

Los juguetes para niños por ejemplo, fabricados con plástico reciclado, pueden contener estas sustancias dado que para su fabricación se derriten y mezclan distintos tipos de plástico. La industria además no transparenta el uso de aditivos lo que hace más difícil su regulación. Además no existe una adecuada regulación al reciclaje de plástico, que la gran mayoría de las veces se hace fuera del país.

El plástico usado para envolver alimentos puede liberar sustancias tóxicas incluso antes del consumo de los alimentos que contienen, y sobre todo durante el proceso de cocción y cuando se calientan los alimentos. 


En el proceso de reciclaje del plástico, éste se chipea, derrite, moldea en tiras y enfría con agua. El agua usada para el enfriamiento queda contaminada con los aditivos tóxicos del plástico, que difícilmente se podrán extraer del vital elemento. De hecho la toxicidad del reciclaje del plástico (sumado a que la mayor parte del plástico que se separa para reciclar no puede ser reciclado efectivamente) llevó a que China cerrara sus fronteras en 2018 para recibir el plástico usado del mundo. Hasta ese año casi todo el plástico que países como Chile, Italia, Australia, Francia, Alemania, Canadá, Estados Unidos, separaban para reciclar, se iba a China donde se seleccionaba lo que efectivamente era útil para reciclar, y el resto se incineraba. Hoy esa basura plástica va a parar a los países del sudeste asiático, que sufren los impactos de una industria mal regulada del reciclaje, y del pseudo ambientalismo de millones de personas que creen en el reciclaje como una real solución. 

Para informarte más claramente: el plástico clase 1 también llamado PET (botellas que contienen bebestibles, etc), es el tipo de plástico que sabemos que efectivamente será reciclado en Chile. El resto del plástico que separamos para reciclar tiene una trazabilidad tan deficiente que no podemos asegurarnos que su destino no será ir a contaminar un país del sudeste asiático.

Por último, es fundamental saber que la producción de plástico crece de manera exponencial. Entonces, cada año se produce mucho más plástico nuevo que el año anterior. Por tanto el reciclaje del plástico, un material no biodegradable que permanecerá por 400 o 500 años en el planeta liberando sustancias tóxicas, está lejos de ser una solución de fondo. Lo que necesitamos hacer es hacer el máximo esfuerzo por evitar el consumo de productos envasados o de plástico, y si no tenemos opción, preferir envases de PET y destinarlos al reciclaje (preferentemente con recicladores de base). Es fundamental que como sociedades abandonemos el uso de este material tan nocivo para la salud del ambiente y las personas, o nuestros hijos o hijas terminarán literalmente bebiendo, comiendo, respirando y nadando en plástico.


Este artículo está publicado en la revista El Chem Nº2, que puedes descargar desde la columna derecha de este blog.


Campamentos, una realidad que Revela el déficit de viviendas y precariedad de las familias.

Patricio Villablanca
           ARPPA

(Este artículo está publicado en la edición 2 de la revista El Chem, la puedes descargar desde la columna derecha de este blog)



Hoy más de 81 mil familias viven en 969 campamentos a lo largo de Chile. Según estudios de Techo para Chile, los Campamentos han aumentado desde el 2019 a la fecha en un porcentaje del 20,82%, y a nivel nacional el total de familias viviendo en campamentos han aumentado hasta un 73,52%.
En lo que respecta a la Araucanía, cuando las estadísticas hablaban que en el 2013 se habían erradicado los campamentos, hoy en el 2021 se nos presenta una arremetida y aparece esta nueva realidad de familias tomando la opción de vivir en campamentos. Esta decisión que han tomado miles de personas al parecer llegó para quedarse. El acceso a la vivienda es un problema para toda aquellas familias que ven cómo cada vez es más difícil obtener la casa propia. Listas interminables, requisitos y burocracia tienen frustradas a las familias chilenas. Hasta 12 o más años hay que esperar en Chile para tener una casa.  En ese proceso las familias viven hacinadas en hogares de parientes o se ven obligadas a pagar eternos arriendos que cada vez son más caros. Llegando incluso a igualarse al salario mínimo. Es un círculo vicioso de precariedad donde se tiene que elegir entre pagar el arriendo o vestirse, comer, pagar estudios, medicina, etc. 
Es inconcebible esta tortura. Es un ataque institucional en contra de las familias. Se juega con sus aspiraciones y se corrompe su espíritu. Se pisotea su dignidad y con ello se fractura su salud mental. Inclusive hay personas que fallecen en el transcurso del sueño de la casa propia.


Se extrañan las políticas de bienestar social, se especula y se trata la vivienda como un bien de consumo. Donde sólo accede el que puede pagar o quien transa su fuerza laboral, su vida familiar y tiempo de ocio, y así poder reunir el dinero necesario para postular a una vivienda social. Vivienda que no tiene estándares aceptables para considerarla una vivienda digna. Menos de 56 metros cuadrados. ¿Esos son estándares para ofrecer como solución al gran déficit de viviendas? Según Techo para Chile, existe desde el 2019 un déficit habitacional a nivel nacional que afecta alrededor de 500.000 familias. Según la encuesta casen del 2017, la región de La Araucanía es una de las que presenta mayor déficit con un total de 61.021 viviendas.
Los dirigentes siempre han afirmado que los campamentos nunca se fueron. Estaban ocultos en las casas de los parientes, viviendo como allegados y hacinados en casas donde habiatan hasta 2 o más familias. Porque la situación económica, la inestabilidad laboral les impide pagar un arriendo. Por eso terminan engrosando las listas de los sin casa. 
Los chilenos que luchan día a día para tener una mejor calidad de vida, más digna y finalmente más feliz, vienen arrastrando años tras años un sentimiento de insatisfacción sobre las políticas públicas de vivienda. Es el caso de la Araucanía, una de las regiones mas pobres, con altos índices de cesantía, convirtiéndose en la quinta región con mayor déficit de viviendas.

 
Esta demanda social sentida resonó con mas fuerza con el estallido social y posterior pandemia del Covid 19. Ocurrió entonces que las familias decidieron buscar por si mismos una solución a su demanda y de forma impensada se juntaron los primeros vecinos para levantar sus carpas en sitios eriazos, que habían sido dejado de lado, abandonados y que con el tiempo se transformaron en lugares de drogadicción, delincuencia o microbasurales. Espacios donde ningún servicio público se hizo responsable por mucho tiempo.

Ahora en el año 2020, con estos nuevos acontecimientos que trastocaron el país nos encontramos con un nuevo escenario donde proliferaron nuevamente los campamentos concentrándose principalmente en Temuco. Llegando a contabilizar 48. Por lo que el aumento de campamentos desde el año 2019 a la fecha corresponde a un 128,6%- Un aumento significativo. Según información recopilada por Techo para Chile. En su página https://www.techo.org/chile/.
En Temuco el Campamento Los Pinos es uno de ellos. Ubicado en el Macro Sector Santa Rosa de Temuco, detrás del balneario Los Pinos, ocupando terrenos fiscales. Lugar que estuvo abandonado por cerca de 20 años y que ahora tiene un uso para autoconstrucción de viviendas sociales. El Campamento Los Pinos está situado entre la calle Avenida costanera y Calle Río Amazonas. Nace al igual que los demás campamentos. Producto del estallido social que saco a la luz una serie de problemas, demandas y desigualdades sociales.

La mayoría de las familias son del macro sector, nacidos y criados en Santa Rosa, comparten historia, pertenecía e identidad con el territorio. Las razones porque llegaron son variadas. Algunos perdieron fuentes de trabajo, otros estaban arrendando y vieron que ya era imposible seguir pagando. Sumado al hacinamiento por vivir de allegados y otros decepcionados de postular y nunca obtener la casa, es que fueron llegando las familias, y hoy son 110 familias, grupos entre 2 y 5 niños, madres solteras, adultos mayores, adultos solteros, inmigrantes haitianos, ecuatorianos, colombianos y venezolanos. Aun con todas las dificultades que ello significa, el campamento sigue mejorando las condiciones de habitabilidad, resolviendo acceso a luz eléctrica y agua. Se trabaja en mejorar las casas y los caminos de acceso. Todo para dignificar la permanencia en los campamentos y esperando una respuesta de las autoridades respècto de estos terrenos y poder participar legalmente en proyectos de urbanización y finalmente sentirse seguros de que no serán desalojados. En la precariedad que se encuentran han puesto todo su corazón y esfuerzo por levantar sus casas y sería un duro golpe ver truncado sus anhelos de la vivienda propia.
Como dicen los vecinos… ¡La vivienda es un Derecho y no un Privilegio!.