Master en Planificación (University of Otago, Nueva Zelanda),
Bióloga en Gestión de Recursos Naturales
Red de Acción por los Derechos Ambientales RADA.
Mucho se promueve el reciclaje, como si fuera una solución al problema de la basura. Lamentablemente, está lejos de serlo, al menos cuando se piensa en él como una solución única, y sobre todo cuando se trata de reciclaje de plástico. ¿Pero qué es el reciclaje? Partamos por eso.
El reciclaje es el procesamiento de materiales usados para transformarlos en materia prima para la fabricación de nuevos bienes. Este procesamiento es por lo general a nivel industrial aunque también se realiza a escala artesanal en contadas ocasiones. Para que un material sea efectivamente reciclado, se requiere un sistema que lo recolecte por separado, que luego transporte, almacene, acondicione y finalmente procese. Este sistema requiere usar energía tanto para el transporte como para el acondicionamiento y procesamiento. El procesamiento, como todo proceso industrial, genera residuos de tres tipos: residuos líquidos, residuos sólidos y residuos gaseosos que incluyen gases de efecto invernadero que aportan al calentamiento global.
Como verán el reciclaje no es inocuo para el medio ambiente y por tanto debe considerarse con cuidado y pensamiento crítico. Sin embargo, el reciclaje es mejor que la fabricación de bienes a partir de materia prima virgen, que genera más residuos sólidos líquidos y gaseosos, y que extrae nuestros bienes naturales comunes para transformarlos en bienes de consumo masivo que terminan en la basura. Por ejemplo, para obtener 1 tonelada de cobre, se debe extraer 500 toneladas de subsuelo, esas 500 toneladas se refinan con venenos como el cianuro, quedando 499 toneladas de residuos industriales almacenados en formas de relave.
Obviamente que el reciclaje de cobre es mejor para el ambiente que la fabricación de cobre a partir de la minería, sobre todo si consideramos que el cobre como todo mineral se agota cada día más con la extracción, y que este mineral es necesario para la fabricación de cuestiones esenciales para la vida de hoy en día. ¿Pero qué pasa con el reciclaje del plástico? El plástico es un material fabricado a partir de los hidrocarburos. Como toda actividad extractiva, la extracción de hidrocarburos genera daños a la naturaleza, pero peor aún, el uso del petróleo es uno de los principales causantes del calentamiento global.
Tanto la extracción como el refinamiento y procesamiento de los hidrocarburos para la fabricación del plástico, liberan contaminantes a la atmósfera, agua y suelo, siendo las y los trabajadores quienes más se exponen a ellos en su ambiente laboral. Sustancias cancerígenas como el benceno, compuestos orgánicos volátiles, y más de cien químicos que se usan para el fraking o fractura hidráulica del suelo, son algunas de las sustancias que se liberan al ambiente en la extracción de hidrocarburos y su procesamiento para la manufactura del plástico.
Cuando usamos productos plásticos, incorporamos sustancias tóxicas a nuestro cuerpo que ingerimos, inhalamos y absorbemos a través de la piel. Estas sustancias tóxicas generan problemas a la salud incluyendo a los sistemas renal, cardiovascular, gastrointestinal, neurológico, reproductivo y respiratorio. Los impactos incluyen cáncer, diabetes y trastornos del desarrollo. Y una vez que se transforman en basura o residuos, los plásticos liberan permanentemente sustancias tóxicas al suelo, aire y agua. Estas sustancias son propias del plástico pero también aditivos que se usan como colorantes, retardantes del fuego, plastificantes, etc. allí encontramos plomo y otros metales pesados, dioxinas y furanos, que provocan las mismas enfermedades mencionadas anteriormente.
Al reciclar el plástico ¿qué sucede con los aditivos tóxicos que contiene? Pues se concentran en el plástico fabricado a partir de plástico usado, o se liberan al ambiente en el proceso de reciclaje. Los plásticos contienen muchas sustancias químicas que pueden tener profundos y dañinos efectos sobre la salud de las personas. Estas sustancias se adicionan al plástico en colorantes, retardantes del fuego, plastificadores, etc. incluso pequeñas cantidades de estos aditivos pueden resultar dañinos para los sistemas inmunológico y reproductivo, y provocar distintos tipos de cáncer, afectar funciones intelectuales y generar problemas de desarrollo.
Algunas de estas sustancias han sido prohibidas en algunos países, pero debido a lagunas legales y las diferencias en estándares ambientales y toxicológicos entre los países, más el intenso lobby de la industria petroquímica permiten que en la práctica se sigan usando.
Los juguetes para niños por ejemplo, fabricados con plástico reciclado, pueden contener estas sustancias dado que para su fabricación se derriten y mezclan distintos tipos de plástico. La industria además no transparenta el uso de aditivos lo que hace más difícil su regulación. Además no existe una adecuada regulación al reciclaje de plástico, que la gran mayoría de las veces se hace fuera del país.
El plástico usado para envolver alimentos puede liberar sustancias tóxicas incluso antes del consumo de los alimentos que contienen, y sobre todo durante el proceso de cocción y cuando se calientan los alimentos.
En el proceso de reciclaje del plástico, éste se chipea, derrite, moldea en tiras y enfría con agua. El agua usada para el enfriamiento queda contaminada con los aditivos tóxicos del plástico, que difícilmente se podrán extraer del vital elemento. De hecho la toxicidad del reciclaje del plástico (sumado a que la mayor parte del plástico que se separa para reciclar no puede ser reciclado efectivamente) llevó a que China cerrara sus fronteras en 2018 para recibir el plástico usado del mundo. Hasta ese año casi todo el plástico que países como Chile, Italia, Australia, Francia, Alemania, Canadá, Estados Unidos, separaban para reciclar, se iba a China donde se seleccionaba lo que efectivamente era útil para reciclar, y el resto se incineraba. Hoy esa basura plástica va a parar a los países del sudeste asiático, que sufren los impactos de una industria mal regulada del reciclaje, y del pseudo ambientalismo de millones de personas que creen en el reciclaje como una real solución.
Para informarte más claramente: el plástico clase 1 también llamado PET (botellas que contienen bebestibles, etc), es el tipo de plástico que sabemos que efectivamente será reciclado en Chile. El resto del plástico que separamos para reciclar tiene una trazabilidad tan deficiente que no podemos asegurarnos que su destino no será ir a contaminar un país del sudeste asiático.
Por último, es fundamental saber que la producción de plástico crece de manera exponencial. Entonces, cada año se produce mucho más plástico nuevo que el año anterior. Por tanto el reciclaje del plástico, un material no biodegradable que permanecerá por 400 o 500 años en el planeta liberando sustancias tóxicas, está lejos de ser una solución de fondo. Lo que necesitamos hacer es hacer el máximo esfuerzo por evitar el consumo de productos envasados o de plástico, y si no tenemos opción, preferir envases de PET y destinarlos al reciclaje (preferentemente con recicladores de base). Es fundamental que como sociedades abandonemos el uso de este material tan nocivo para la salud del ambiente y las personas, o nuestros hijos o hijas terminarán literalmente bebiendo, comiendo, respirando y nadando en plástico.
Este artículo está publicado en la revista El Chem Nº2, que puedes descargar desde la columna derecha de este blog.







