Todos los años se celebra el 1° de Marzo como el día mundial de las y los recicladores de base, en recuerdo de 11 recicladores de Barranquilla, Colombia, quienes fueron asesinados en la Universidad Libre de Barranquilla el año 1992 en medio de las festividades del Carnaval de Barranquilla, donde los asesinos miembros de la Universidad usaron las instalaciones de la facultad de medicina para extraer los órganos de los cuerpos de los recicladores con el objetivo de traficar con ellos.
Este trágico y macabro hecho es una muestra del desprecio que los sectores más acomodados de las sociedades a nivel mundial, han profesado por l@s recicladores de base durante décadas. Antes llamados “cachureros”, luego “cartoneros”, hoy son reconocid@s como “reciclador@s de base” gracias a las luchas que por décadas han desarrollado en distintas partes del mundo para su reconocimiento y valoración.

El sistema lineal de producción y consumo funciona así: se extrae materia prima virgen (nuestros bienes naturales comunes: plantas, animales, suelo, agua) que luego es transportada a centros de manufactura (las industrias) donde la materia prima se transforma en bienes de consumo masivo, que luego son transportados a centros de distribución (supermercados, malles, y toda clase de establecimientos) para ser comprados, consumidos y transformados en materiales de descarte o lo que llamamos comúnmente basura. En la extracción de materia prima virgen y en la manufactura de bienes de consumo se producen 70 veces más residuos que en la etapa post consumo doméstico. Para la extracción de materia prima virgen y la manufactura de bienes de consumo se usan grandes cantidades de energía que para su generación requiere la intervención de espacios naturales generando conflictos ambientales. Estos procesos también usan enormes cantidades de agua que queda contaminada al final de los procesos, inutilizable para la agricultura y ganadería campesinas ni para la vida silvestre. Este sistema lineal de producción emite gases de efecto invernadero en todas sus etapas, aportando e incrementando el calentamiento global, fenómeno que amenaza a toda la humanidad, y a la biodiversidad del planeta.

Al reciclar materiales de descarte, lo que hacemos es reemplazar materia prima virgen con los materiales usados que de otra forma se transformarían en basura y por tanto en contaminación. Al reciclar entonces estamos evitando la extracción de materia prima virgen, y junto con ello el uso de enormes cantidades de energía y la generación de millones de toneladas de residuos. Los materiales de descarte ingresan entonces directamente a la etapa de manufactura, donde todavía se requieren enormes cantidades de energía para los procesos y se generan millones de toneladas de residuos industriales por lo que no es una actividad inocua, pero sin duda es mejor que fabricar a partir de materia prima virgen. Lo mejor que podemos hacer es fabricar y usar bienes que sean durables por muchas generaciones, reparables, o que sean compostables para que podamos reincorporar sus nutrientes al suelo, pero en la sociedad actual muchas veces no tenemos más remedio que comprar objetos desechables. Cuando lo hagamos, asegurémonos que sea estrictamente necesario, y que el material de descarte que generemos pueda ser reciclado. Estos son los principios Basura Cero, que nos ayudan a tomar conciencia de que todo lo que botamos a la basura es naturaleza transformada, y que para producir ese objeto se taló, se minó, se sacrificó, y tenemos que honrar la vida sacrificada para nuestro confort material dándole un uso respetuoso, lo más prolongado posible a los materiales que adquirimos, siempre pensando en como no transformarlos en basura.
Como ven el reciclaje es una de muchas herramientas en la estrategia basura cero para el manejo razonable de nuestros bienes naturales comunes y los residuos que se generan de su uso doméstico. Sin embargo en las condiciones actuales es una herramienta sumamente útil e importante, sobre todo para algunos materiales como los minerales, que se encuentran en cantidades finitas en el subsuelo pero que son extraídos como si nunca se fueran a acabar, y que son completamente reciclables (a menos que se mezclen con otros elementos). El reciclaje del plástico es más problemático, ya que la mayoría de los tipos de plástico no son efectivamente reciclables, y por lo general el proceso de reciclar plástico no implica una reducción en la extracción de la materia prima a partir de la que se genera: el petróleo. Si el porcentaje de plástico recuperado para el reciclaje crece de manera discreta año a año, la fabricación de plástico virgen a partir de hidrocarburos crece de manera exponencial. Por tanto para resolver el problema del plástico, es imprescindible dejar de consumirlo para que se deje de fabricar, o al menos en las desproporcionadas cantidades en las que se fabrica hoy.

Lamentablemente las políticas públicas de promoción del reciclaje como la Ley 20.920 de Responsabilidad Extendida al Productor y Fomento al Reciclaje (conocida como Ley REP), a pesar de reconocer a l@s reciclador@s de base como gestores de residuos, en la práctica lo que hizo fue poner a competir a l@s reciclador@s con empresas que han visto la apertura de un nicho económico en las obligaciones de recuperación que se establecen en esta ley. Cuando el reciclaje no era negocio suficiente para las empresas, éstas no se interesaban en él, pero decenas de miles de personas vivían de esa actividad. Hoy que el reciclaje es un negocio atractivo para empresarios, l@s reciclador@s de base se encuentran en peligro de extinción. Es urgente que las políticas públicas de reconocimiento de l@s reciclador@s de base se transformen en políticas de fomento de este rubro, donde se entreguen las herramientas y recursos necesarios para que este noble y esforzado sector pueda competir con las empresas en lugar de desaparecer. La asociatividad y el cooperativismo serán herramientas importantes en esta tarea no exentas de desafíos, pero desafíos abordables por este desposeído sector. En un momento histórico de la humanidad, donde debemos cambiar el sistema económico para recuperar el planeta, l@s reciclador@s de base son un sector esencial si no queremos que crezcan las injusticias, el calentamiento global, la pobreza y la basura en el mundo.
En el mundo son millones, en Chile y según el Ministerio del Medio Ambiente, son más de 60.000 las trabajadoras y trabajadores de este sacrificado rubro que, a pesar de ser cada día más reconocido, no ha sido valorado ni apoyado lo suficiente. Un segmento de la población que se ha generado su propio empleo para suplir la ausencia del Estado en materia de protección social, por lo general son personas que han alcanzado solo un incipiente nivel de educación formal, que pertenecen a comunidades marginadas, en su mayoría son mujeres e incluso much@s pertenecen a pueblos originarios.
L@s reciclador@s de base han sido la espina dorsal del reciclaje en el mundo desde hace décadas: en India, China, Brasil, Colombia, Egipto, Argentina, Sudáfrica, Chile, y en muchos otros países del mundo, las y los recicladores de base meten las manos a la basura de los sectores de la sociedad que desperdician, a los que les sobra, quienes reproducen el sistema económico lineal que destruye nuestros bienes naturales comunes para transformarlos en bienes de consumo masivo que terminan transformándose en basura.
Alejandra Parra M.
Red de Acción por los Derechos Ambientales, RADA.
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